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Reuniones navideñas pueden ser peligrosas por la posibilidad de contagio del COVID-19

Reuniones navideñas pueden ser peligrosas por la posibilidad de contagio del COVID-19

La evidencia muestra que tras un feriado en el que pueden darse aglomeraciones en ciertos destinos turísticos y un relajamiento de las medidas de prevención hay un repunte del número de casos de COVID-19 en el país.

El aumento ocurre hasta 28 días después, periodo en el que se completa el tamizaje con los reportes rezagados. Durante la semana 41, que incluyó al asueto del 9 de octubre último, se acumularon 3.611 diagnosticados, otros 4.048 (semana 42), 3.914 (43), 3.401 (44) y 4.272 (45) en las semanas siguientes, según el Ministerio de Salud.

 

La tendencia a la baja que se registraba desde el pico de la pandemia en la semana 28 (del 5 al 11 de julio), con 8.861 casos en solo siete días, hasta el feriado del 9 de octubre (semana 41) quedó frenada de golpe.

El número de fallecidos por día también subió. Solo el 27 de octubre se registraron 24 muertes por COVID-19, la mayor cantidad reportada en un día desde finales de septiembre pasado.

El peligro es que haya un repunte tras las celebraciones de Navidad y Fin de Año, por lo que los especialistas insisten en evitar las reuniones familiares o de amigos y en que se mantenga el uso de la mascarilla, sobre todo en sitios cerrados.

Marjorie Herrera, de 48 años, perdió el 2 de abril pasado a su madre debido al COVID-19. Han pasado ocho meses y la tristeza permanece. “Es como si no hubiera cerrado el ciclo, ya que aún tenemos las cenizas, que no hemos sepultado por falta de dinero. Nos piden $ 500”, dice.

Las limitaciones de los ritos del sepelio, como la imposibilidad de la velación y que las sepulturas se hayan dado con un límite máximo de hasta cinco personas en su momento (para evitar nuevos contagios), dejaron un impacto psicológico en quienes perdieron a un familiar.

Especialistas concuerdan con que se debe a que viven un duelo latente y extendido.

La madre de Marjorie tenía 64 años y sí consintió ser cremada, pero su hija repite que aún no “descansa en un nicho” y que para ella las festividades de Navidad están trastocadas. Ya no habrá, agrega, la visita que le hacía todos los años luego de cenar, ya que vivían cerca en el norte de Guayaquil.

“Tuvimos que pagar para que la puedan cremar rápido, dos días después de que murió, todo el trámite lo hizo una hermana y mi padrastro; pero para mí lo más importante es darle cristiana sepultura, tenemos eso pendiente. En septiembre sí hicimos una misa con las cenizas, que están en la casa de mi hermana”, señala Marjorie.

Para ciertos familiares siempre quedan dudas, sobre todo si no estuvieron los últimos días con el fallecido.

“Yo recién había sido operada, entonces no podía exponerme. Mi hermana la llevó al hospital (Teodoro Maldonado Carbo) del IESS (Instituto Ecuatoriano de Seguridad Social) en busca de oxígeno, pero ya era demasiado tarde. Yo solo le dije que no la deje por nada del mundo, porque en las noticias veíamos que los cuerpos se perdían”, recuerda.

Wider Valdiviezo, de 50 años, también estaba confinado en su casa cuando su padre falleció de coronavirus el 10 de abril pasado, y no pudo asistir al sepelio porque temía contagiarse, ya que sus hermanos lo tenían. “No vi a mi padre en la caja, pero tuve que decidir, ya que mi esposa es vulnerable como sobrevivente del cáncer”, afirma.

Las culpas recayeron en su hermano, que era enfermero de una Unidad de Cuidados Intensivos (UCI). “Él lo atendía con lo que se hacía en ese momento, que era paracetamol y descanso, pero igual murió, ya que lo habían diagnosticado con hipertensión. Todo fue un choque emocional, ya que mi padre falleció en los brazos de mi hermano; pero le dije que hasta los médicos morían, que no se culpe porque nadie sabía en ese entonces cómo tratar el COVID-19”, dice Wider.

Wider contempla una imagen de su padre fallecido por COVID-19 en abril pasado. Foto: Cortesía

La falta se hará sentir en la próxima Navidad, acota, ya que se habían hecho más cercanos, pero sí tiene previsto reunirse con su cuñada y sus hijos como todos los años. “Siempre pasamos juntos, y sí estoy de acuerdo en que se quemen los ‘viejos’, porque para mí con la quemazón no hay peligro de contagios”, agrega.

Ligia Lara, psicóloga clínica y coordinadora de la carrera de Psicopedagogía de la Universidad Laica Vicente Rocafuerte, asegura que el miedo a la enfermedad y a la muerte motivó al cumplimiento de las medidas de prevención al inicio, como respetar el confinamiento en casa, el uso de la mascarilla de forma obligatoria y el distanciamiento de dos metros.

Sin embargo, hoy hay una mayor relajación e incluso ya se planifican las reuniones navideñas características de diciembre. “Nos cuidamos mientras haya el temor, pero al pasar el tiempo se llega al pico del miedo y se lo enfrenta; entonces se cree que se alcanzó el culmen y se toma la decisión de salir sin los controles”, afirma Lara.

Otro de los mayores impactos que deja la pandemia es la sensación de soledad y de vacío. “Nos hemos visto forzados a despedirnos de alguien de manera precoz, lo que deja dolor y desesperanza. Hay sufrimiento porque aún no se tiene el cuerpo del familiar fallecido, no saben de manera concreta dónde está o no lo han sepultado”.

Al duelo se suma la falta de empleo y de recursos económicos, con los problemas subyacentes, dice, como el aumento de la delincuencia. “La situación repercutirá en dos o tres años en el aumento de los casos de depresión, de suicidio y en las dificultades de aprendizaje en los menores de edad que han perdido a sus padres”.

La búsqueda de algo que devuelva la esperanza, dice Lara, es una opción para sostener la existencia, al igual que apoyarse en quienes nos rodean en momentos como Navidad y Fin de Año. “Los seres humanos activamos mecanismos de defensa que nos ayudan a que no colapse el cerebro. Es un escudo para no desfallecer”.

197.391
casos de COVID-19 hay en Ecuador con corte al 5 de diciembre, de esta semana, según cifras oficiales.

13.756
fallecidos por coronavirus reporta el Ministerio de Salud Pública, 9.252 confirmados y 4.504 probables. 

Fuente: El Universo

 

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