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Guayaquil: Familias enteras sufren por COVID-19; se contagiaron en reuniones de diversos tipos

Guayaquil: Familias enteras sufren por COVID-19; se contagiaron en reuniones de diversos tipos

En Guayaquil hay un panorama similar al de marzo 2020: familias enteras se vuelven a contagiar de COVID-19. ¿Y por qué hay muchos más casos de estos en las últimas semanas?

Según médicos, la irresponsabilidad de las personas en las reuniones y aglomeraciones desde antes de la Nochebuena, en Navidad, luego del triunfo de Barcelona, a fin de año, en la fiesta de la Calle 8, entre otros escenarios de contagio masivo pasan factura a la urbe.

Y es así que muchas familias ahora permanecen aisladas, otras ya pasaron estos duros momentos y están convalecientes.

Pero hay una sensación de impotencia, ya que –en muchos casos– quienes desobedecen provocan la enfermedad en quienes se cuidan. Por eso familias y autoridades piden empatía y responsabilidad, porque basta que aumenten los casos para que más vidas se apaguen.

Guayaquil tenía hasta ayer 20.053 contagiados de los 220.349 del país.

“Fuimos a un almuerzo familiar, no sabíamos que papá se había infectado”

“Sentí coraje porque nosotros nos abstuvimos de salir muchos feriados, siempre nos cuidamos, todo era a domicilio. Mi papi hacía teletrabajo, pero le pidieron que vaya a su trabajo para una reunión obligatoria; pese a ser del grupo vulnerable, él fue. Allí se reunieron doce personas en su oficina, creemos que allí pudo contagiarse. Todos los fines de semana íbamos a la casa de mis viejos a almorzar. Ahí nos contagiamos todos. El lunes mi mamá y mi papá tuvieron fiebre. El clínico le mandó a mi papá la prueba de sangre IGG-IGM y le salió todo negativo; no sabíamos que primero era el PCR, perdimos una semana. Luego en el hisopado ambos salieron positivos. Para esto mi hermana y su familia fueron a cuidar de ellos. También se enfermaron mis sobrinos. Luego de unos días, mi papá empezó a tener agotamiento y falta de respiración. Lo llevamos a Los Ceibos y ahí ingresó. Ese día me dio fiebre, me hice el hisopado y me salió negativo, mi esposa también se enfermó. Mi papi estuvo intubado unos diez días, pero logró salir. Ahora él se recupera en casa, pero sí tenemos temor. Esperemos que se sigan cuidando y que aumenten controles, nadie quiere vivir momentos así”.

“Un sobrino nos hacía los trámites y nos traía los alimentos hasta la casa”

“Primero me dieron el diagnóstico: que era faringitis. Luego perdí el olfato y me fui rápido a hacer las pruebas COVID-19 y me salió positivo. Luego mi hija empezó con los síntomas muy fuertes, mis otros dos hijos no presentaron mayor problema. Entonces tuvimos que cerrar el consultorio, suspender las sesiones, porque no íbamos a atender hasta que estemos curados. Sospecho que fue un paciente el que me contagió. Me atendí con una doctora del Luis Vernaza a través de WhatsApp, todo por esa vía; no se acercó a la casa, hacíamos videollamada, le enviábamos audio, nos daba la indicación, si teníamos que aumentar dosis o cambiar la medicación, todo nos explicaba. Y como no pude trabajar me ayudé con trueques, vendí libros y muchas personas me trajeron víveres solo hasta la entrada de la casa. Muchos amigos me trajeron eucalipto para hacer las vaporizaciones. Mi sobrino era el que entraba y salía, porque ya tenía inmunidad porque le había dado antes. Unas dos semanas fueron la parte más aguda, porque no tenía fuerza ni de levantarme; entonces mi hermano nos mandaba los alimentos ya preparados. Y nos seguimos cuidando hasta ahora. Vemos más casos”.

“Luego de 8 meses, otra vez aislados, no pude ver a mi papá antes de morir”

“Hay descuido de la gente en todo sentido. A mi esposa la veían raro por usar visor y mascarilla en el trabajo; muchos ingresaban al área de lunch sin su mascarilla y no había un control como tal. También en el transporte, en la Metrovía la gente se saca la mascarilla para hablar por teléfono, en los taxirrutas también. Ella y otros dos compañeros más salieron positivo en su trabajo. Los mandaron a la casa. Entonces yo reporté a mi trabajo, también aislado en la casa. A mí me dio muy fuerte en abril, otra vez nos contagiamos. Antes me traían los alimentos, ahora yo salía tempranito a la calle todo forrado, con visor, con mascarilla. Si yo iba por la calle y veía que venía alguien, me iba a la otra acera. En la tienda veía que no había gente y ahí me acercaba a comprar sin arrimarme a la reja, con cuidado. Ahora cuidamos la alimentación: nabo, espinaca, más legumbres. También hemos comprado oxímetro para controlarnos. Yo iba al médico y quise ir a ver a mi papá, porque era cerca, pero para evitar contagiarlo nos abstuvimos. Y no pensamos que él ya tenía el virus, porque donde vivía salían a fiestas y todos estuvieron infectados. Luego su cuadro se complicó y murió el martes 5”.

Fuente: El Universo

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